sábado, 18 de diciembre de 2010

La obra escolar

Relato SCA



    Con once años, en un nuevo colegio, conocí a una profesora de Ciencias que era muy buena ejerciendo como tal, y además se interesaba mucho por mí, aunque era muy rígida y severa con los deberes y las notas. Eso último para mí no supuso problema alguno, ya que era buena estudiante. A mi madre, cuando la conoció, le cayó tan bien como a mí. Se convirtió en mi profesora preferida, al contrario que para mis compañeros, que la aborrecían por su intransigencia ya mencionada.

    Pues bien, un día, para Navidad, la tutora nos propuso elaborar una obra para representar en la función teatral de fin de curso. Varios compañeros se reunieron y cuchichearon entre ellos mientras escribían en una libreta por turnos. Yo, como no me llevaba bien con ellos, estuve apartada junto con otros que tampoco eran bienvenidos en su grupo. Pero lo cierto es que todos los marginados deseábamos formar parte de dicho grupo, puesto que era el de los más populares de la clase. Así que, cuando al acabar la reunión, se me acercaron dos chicas del grupo para invitarme a participar en la obra, acepté sin dudar, muy emocionada.

    También invitaron a varios chicos más. Algunos aceptaron también, pero a regañadientes, cosa que me sorprendió, y otros rechazaron la invitación, entre ellos mi mejor amiga Marcela, a la cual yo tomaba un poco por tonta, dado que tenía graves problemas de aprendizaje. Me sorprendió también, por tanto, ver la cara de indignada que tenía Marcela. Pero no se me ocurrió preguntar qué pasaba, estaba muy ilusionada y no podía pensar en otra cosa más que en que iba a actuar con los más populares, que iba a ser aceptada por fin... Debí haber tomado más en serio a Marcela.

    Por supuesto, la obra no llegó a representarse nunca. Tras varios días de ensayos, en los cuales yo nunca acababa de enterarme de la trama de la obra -ni me importaba, la verdad-, un día llegó la tutora muy enojada, y empezó a hablar y hablar. Yo no entendía nada. Pero vi que los del grupo que había realizado el guión de la obra estaban entre avergonzados y malhumorados. Empecé a sospechar que algo iba mal en tal guión. A hurtadillas, conseguí llegar al guión que estaba encima del escritorio del profesor, y lo hojeé. ¡No podía creerme lo que leía! Se trataba de un grupo de alumnos que conspiraban contra una profesora cuyo nombre era un ridículo anagrama del nombre de mi profesora preferida, la intransigente, a la que todos mis compañeros odiaban. Se leían insultos contra ella, e incluso un esbozo de asesinato al estilo Julio César, para luego acabar con satánicas carcajadas...

    Me di vuelta, y vi a la susodicha profesora mirándome fijamente. Yo estaba tan turbada que no atinaba a decir palabra alguna. Pero, por suerte, ella era perspicaz como ella sola, y entendió que había sido víctima de una terrible confusión. Me sonrió, me dijo: "No pasa nada, te entiendo", y eso me tranquilizó.

    Después de aquello, aprendí dos cosas: primero, que nunca debo subestimar a nadie (en referencia a mi amiga Marcela), y segundo, que aunque me ofrezcan protagonizar una película de Tarantino o Spielberg, antes de aceptar he de leer siempre el guión, e incluso la letra pequeña, por si acaso...

domingo, 12 de diciembre de 2010

Trabajar de cara al público en un organismo público

El relato de Adela


Una mujer va a hacienda para realizar su declaración de la renta. Coge un ticket y espera su turno hasta que le atiende un empleado. Mientras este está comprobando todos los documentos que ha traído, ella le comenta:


- Hágame bien la declaración, ya que el año pasado , me atendió una chica sorda, que o no me entendió, o no estaba muy preparada, y la hizo mal, luego me pusieron una sanción.

- Y que hizo mal?

- Pues que no puso el alquiler del local que tengo

El funcionario consulta en la base de datos y comprueba que el alquiler al que se refería fue declarado por el alquilado después del periodo de renta.

- Usted trajo cuando vino el año pasado el contrato de alquiler, y lo que había cobrado por ello?

- A pues… no, lo tenía que traer?

- Si no lo trajo nosotros no podemos hacer nada, no somos adivinos, esta chica sorda ha realizado bien su trabajo, además se que estaba muy bien preparada porque la conozco personalmente, es mi hija.

- Disculpe, no lo sabía.

La señora se fue con la cabeza baja y con el rabo entre las piernas







viernes, 3 de diciembre de 2010

Cómo explicar a un oyente lo que he sentido al perder audición

El relato de Tutxi

Muchas veces me gustaría explicar a las personas que me rodean cómo me he sentido a lo largo de estos diez años que he ido perdiendo audición y lo importante que ha sido tenerlos a mi lado, y la verdad es que es dificilísimo porque muchas veces para que te comprendan es necesario que se pongan en tu situación, algo imposible en este caso. Pero se me ha ocurrido una forma de contarlo con una historieta.


Año 2000: Imagínate que un día decides salir a pasear por el campo y apareces en medio de un prado verde lleno de margaritas, con un acantilado, con el mar al fondo, un cielo de colores propio de un atardecer y un faro que comienza con sus primeros destellos de la noche. Descubres que ese es el lugar más bonito relajante y que has visto nunca, y ese será tu rincón.

Año 2002: Vuelves porque recuerdas que es el rincón más bonito que has descubierto, allá te encuentras con el mismo prado verde lleno de margaritas, con un acantilado, el mar de fondo, un cielo de colores propio de un atardecer pero esta vez el faro no funciona… no importa es un detalle que no le resta encanto a tu rincón, y sigue siendo lugar más bonito relajante y que has visto nunca

Año 2004: Vuelves al prado verde, con su acantilado, el mar de fondo, el faro que no funciona y el cielo está encapotado, parece que va a caer una tormenta y minutos más tarde así sucede. Da igual, te has relajado y para ti sigue siendo el lugar más bonito que has visto.

Año 2006: Decides regresar a ése rincón que te hace disfrutar de la soledad, del silencio y que te deja pensar sin prejuicios. Te encuentras con el prado verde, con su acantilado, el mar de fondo esta vez muy revuelto, el faro que no funciona y el cielo muy oscuro a punto de hacerte la misma jugarreta que la última vez. Minutos después así es y llueve, dejándote completamente empapado.

Año 2008: Recuerdas aquel rincón, tu paraíso personal, en el que un día encontraste la tranquilidad y soledad que necesitas más a menudo de lo que puedes permitirte … vuelves y allí está, el rincón más bonito que habías descubierto. Y te encuentras con su acantilado, el mar de fondo muy revuelto, el faro que no funciona, el cielo muy oscuro y el prado… no es verde??. Parece que han decidido labrarlo, está todo lleno de tierra oscura y lo han cercado con un enorme alambre de espinas y tablones de madera.

Año 2009: No dejas de pensar en tu rincón, tienes la certeza de que todo habrá cambiado. De que lo que viviste un día hace 9 años no se volverá a repetir. Sientes desilusión pues el rincón más bonito que habías descubierto habrá desparecido, y además no tienes ganas de ir para ver cómo otra vez, tu ilusión por aquél lugar se desvanece.

Año 2010: No lo soportas más, necesitas esos destellos de luz de aquel faro. Necesitas volver a ver el cielo lleno de colores, las margaritas del prado verde y el mar al fondo, porque aquel era el rincón más bonito que habías visto nunca, tu rincón.

Decides volver, esta vez acompañado de las personas que te quieren. Quieres compartir aquel lugar.

Conforme te acercas ves el cielo encapotado y pisas el freno, y gritas: NO PUEDO MÁS!!!

Entonces sientes una mano de un amigo que te acaricia la cara, después un abrazo de un familiar y minutos después un beso de tu pareja… Te llenan de fuerza, arrancas y continúas.

Al fin estás allá, miras alrededor y las cosas han cambiado. El prado verde ahora es un campo de girasoles, el faro está apagado, el mar apenas llegas a verlo, y menos aún el acantilado…

Sin embargo, sientes que aquel lugar sigue siendo tu rincón. Es diferente pero también muy agradable. Ahora lo compartes con las personas que te quieren. Vuelves a sentir ilusión, ganas de vivir esos momentos que ahora disfrutas en compañía. Ganas de seguir descubriendo más rincones. Ganas de seguir soñando.

PD: Gracias a todos los que me habéis acompañado a lo largo de estos años difíciles.



Gracias a todos los que trabajáis hoy alrededor del implante coclear por ayudarme a recuperar la ilusión.



Relato autorizado extraído del blog: