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sábado, 14 de mayo de 2011

Mi vecina y su sonrisa.

En frente nuestro, vive una mujer sola que le encanta hablar, aunque yo no lo llamaría así, sino mas bien, cotillear y quejarse . Siempre la vemos lamentándose con algún vecino. El propietario de nuestro piso de alquiler, la evita, ya que suele mirar por la mirilla cuando oye el ruido del ascensor , y cuando esta lo ve, abre la puerta para contarle sus últimas quejas con la comunidad de vecinos . Es muy pesada.

Pero con nosotros es diferente...

La primera vez que tuve una conversación con ella fue un día que al salir de casa, me di cuenta que el tapete de la entrada estaba mal colocado, así que mientras lo estaba poniendo bien, oigo voces a mis espaldas. Me giro y es ella, ( me habrá visto por la mirilla?). Me presento, y le comento que no la he entendido, porque soy sorda, y necesito leer los labios para entenderla. La reacción de la señora fue decepcionante. Me dice cuatro palabras ininteligibles para mi, me dedica una sonrisa, y cierra la puerta sin darme tiempo a responder.

Ahora cuando me la encuentro por la escalera me continua lanzando esas sonrisas tan amplias, pero ni una palabra. ¿Que me estará intentado decir son eso?

El otro día al salir del piso con mi pareja, nos encontramos a la vecina hablando y mirándonos a los dos, Fabry le comenta que no la ha entendido pero la señora continua hablando ininteligiblemente, no hace ni el mínimo esfuerzo para hacerse entender cuando sabe que los dos somos sordos. Nos quedamos pasmados. Ahora soy yo la que le dedico una amplia sonrisa, seguramente tiene tanta impulsividad para hablar, que ya no le importa ni que no la entiendan, pobrecilla.

Al entrar al ascensor ya había una persona. Era con ella con quien estaba hablando, no con nosotros. Vaya, otra metedura de pata.

sábado, 23 de abril de 2011

Otra de médicos

El relato de Marian



Es increíble lo que me ocurrió esta semana en la consulta de un "Médico" especialista. Voy a por unos resultados y comienza a leer para ella misma ( creyendo que yo la iba a entender) hablaba rápido y sin mirarme de frente, le interrumpo recordándole que soy paciente con audífonos, y ella me contesta diciéndome: ¿ Y qué? ¿que quieres que haga? Ya me ha visitado otras veces, y me pareció alucinante su modo de actuar conmigo. Luego me dice que ella es algo sorda también y que también lee los labios, y le digo yo, entonces si tiene el mismo problema que yo, porque no me habla de frente ya sabrá como funciona esto no? y Sonríe..

sábado, 9 de abril de 2011

Evitar a los desconocidos


Suelo evitar a los desconocidos que se me acercan a hablar por la calle, sobretodo si me parecen poco fiables. A veces he vivido situaciones, que no quiero repetir:

Iba por las calles de Barcelona cuando un hombre de unos 40 años me dice algo que no entiendo. Así que con simpatía, me paro, y le hago saber que no le he entendido.

El hombre se sorprende, se debía pensar que iba ha ignorarle y me responde:

- Moza , te interesa conmigo, guapa??

Desvió la mirada y acelero. Me había dicho algún piropo bochornoso, y yo inocente me paré cuando no devía.

En los casos en los que me encuentro una persona que busca una calle, entonces siempre intento ayudar. Si a la segunda repetición no entiendo el nombre de la calle, le digo que no lo sé, hay mas personas dispuestas ha dar una mano mas rapidamente que yo.

Ahora vivo en Italia, y tengo una escusa preparada cuando no me apetece hablar con alguien, sobre todo con los tipicos tipos que te paran por la calle para rellenar una enquesta, o para endosarte publicidad:

- Lo siento, no hablo italiano!

Pero lo cierto es que si que hablo italiano. También suelo utilizar escusas como, no tengo tiempo, o incluso ni contesto. Depende de la situación. Prefiero eso a tener que explicar que soy sorda, como me tiene que hablar, excusarme ante un desconocido no es algo que me guste hacer .

Pero estas escusas no funcionan siempre.

Eran las 5 de la tarde, subo al autobús para ir al centro. Encuentro un asiento libre al final de todo. A la parada siguiente sube un borracho, con una birra, ( a buenas horas). Cruzo los dedos para que no se me acerque, porque no para de decir tonterías a todo el mundo, pero tengo mala suerte, y se acaba sentando justo al lado mio. Y como no, empieza a hablarme.

Me pregunta, señalando la birra:

-Vuoi? (Quieres?)

-No, gracias.
-bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bl.

-No hablo italiano.

- Española!! de donde eres?

La escusa me ha servido de poco, sabe hablar algo español. Tengo dos opciones, irme de allí, dejándole con la palabra en la boca, o decirle que vocalice porque sino no le voy a entender. Uso la segunda, el chico no muestra reparos en vocalizarme. Así que acabamos manteneniendo una conversación, y por coincidencias de la vida, conocia a otra española, que pude a conocer pocos días despues y ahora somos amigas.

Nunca se sabe a quién te puedes encontrar.

sábado, 2 de abril de 2011

Propaganda telefónica

El relato de RS




Suelo trabajar como profesora de refuerzo por las tardes. Un día , me encontraba en casa de una pareja sorda, para dar clases a su hijo, oyente. El padre estaba fuera de casa y la madre en otra habitación. Suena el telefono, y el niño como de costumbre, fué a responder. Pero se encontró con dificultades, y me dio el teléfono a mi, era un operador de una compañía telefónica que ofrece también servicios de internet.

La conversación fue la siguiente:

Yo: Dígame?

Operador: Buenas tardes, hablo con la señora XXX? ( el nombre de la madre del niño)

Yo: No, con quien estoy hablando?

O: Fastweb , queremos proponer a la señora una oferta de internet rápido y a buen precio.

Y: Perdona, si espera un momento la llamo, como ella es sorda tendrá que hablarme a mi, y yo le repetiré todo lo que me diga.

O: Ah…. pero… no hay nadie más con quien pueda hablar?

Y: Si, la señora está, ya se lo he dicho, no hay ningún problema, espere un momento que la voy a llamar…

O: Pero… a ver… yo… la verdad… Pero el marido de la señora esta en casa?

Y: No, no esta, el también es sordo, no veo donde esta el problema, tu me explica su propuesta y yo se la repito a la señora, y después le digo si esta interesada o no.

O: Pero… a ver… Puedo llamar en otro momento?

Y: Mira, los señores ahora son sordos y también lo serán dentro de una hora, al menos que no quiera usted hacer un contrato con el hijo que tiene solo 10 años. Un momento , voy a llamar a la madre…

La madre se acerca y aprovecho para explicarle quien estaba al teléfono y que quería. La oferta no le interesa.

Y: Mire, la señora XXX esta aquí, le acabo de explicar todo lo que me ha comentado y no esta interesada.

El operador cuelga el teléfono sin ni siquiera despedirse.

jueves, 24 de marzo de 2011

Curas milagrosas contra la sordera

El relato de Marco B.



Nací sordo, me diagnosticaron la sordera cuando tenia 2 años en un hospital de Roma, allí los médicos informaban de que en Alemania había un famoso doctor que curaba a pacientes de la sordera a base de inyecciones de un extracto de animal, con este procedimiento muchos habían recuperado toda la audición. Era un tratamiento muy caro, que no entraba por la Seguridad Social.

Mis padres que querían que su hijo pudiera recuperar su oído, por las buenas referencias que tuvieron por mi otorrino, y otros médicos del mismo hospital, contacto con ese doctor alemán, y fuimos a Garmisch, donde tenía su consulta, para empezar el tratamiento. Una vez allí, me inyectaron en un brazo un líquido trasparente que no me hizo ni el mínimo efecto.

Volvimos a Italia, la ilusión y la esperanza con la que fueron mis padres a Alemania , volvieron a casa arrastrándose por los suelos.

Unos meses después, a mis padres les llegó la noticia de que aquel doctor alemán al que nombraban prestigioso, fue arrestado después de que un inspector de sanidad abriera una investigación por las numerosas denuncias de otros pacientes que también habían depositado sus esperanzas y dinero en el tratamiento. Descubrieron que aquellas inyecciones no hacían nada. Nos timaron.

Mi familia no lo denuncio, porque el doctor no era italiano, y era muy complicado denunciar un caso así en aquellos tiempos.

sábado, 12 de marzo de 2011

En el hospital de guardia


El relato de Carmen


En verano me voy a trabajar fuera de casa los meses de julio y agosto. Un verano se me rompió el audífono un sábado por la tarde de agosto, por lo que tenía que esperar hasta el lunes a que abrieran los centros auditivos, pero era imposible, tenía que trabajar y necesitaba oír por lo que me fui a un hospital de guardia a que me hicieran un apaño temporal.

Fui sola, sin oír, llegué y me atendió una enfermera. Le dije lo que me pasaba y escribio ES SORDA en mi expediente con unas letras enormes, me preguntó si oía algo y le contesté que en ese momento no, ya que se me había roto el audífono. Me dijo que saliera a la sala de espera que me avisarían por megafonía cuando me tocara el turno. Me quedé mirándola y le contesté: pero si no oigo cómo me vas a avisar por megafonía!

Quedamos en que saldría una enfermera a buscarme, como había mucha gente, me senté en frente de la puerta y me puse a leer un libro echando un ojo constante a la puerta por si salía una enfermera. Al rato, salió una enfermera y dijo mi nombre, pero no estuve segura, por lo que me quedé mirándola, repitió mi nombre una segunda vez con tono borde y mosqueada (el lenguaje gestual dice mucho más que las palabras), me levanté y me acompañó al otorrino.

El señor otorrino fue incapaz de hacer nada por mi audífono, así que me volví con un ataque de angustia al centro de trabajo. No por no oír, pues en el trabajo me habían asegurado que no pasaba nada, que sólo era un día y que estuviera tranquila. El ataque de angustia fue por lo mal que me trataron, como si fuera tonta.

viernes, 4 de marzo de 2011

El baloncesto y las pilas.

El Relato de Carlos Muncharaz




Jugaba en un equipo junior de baloncesto cuando en un partido me di un golpe tan fuerte con otro jugador que el audífono salió volando. Yo caí al suelo y me hice daño. Me levantaron entre varios compañeros y me sentaron en el banquillo. Yo no oía nada pero notaba que el entrenador me decía algo. Al poco tiempo vino un compañero con mi audífono, que lo había encontrado tirado por el campo y pitando. La gente que estaba en el pabellón me aplaudió para darme ánimos, pero yo me llevé un buen corte...


Y en otro partido, estábamos calentando antes de empezar la primera parte cuando de repente... ¡se me terminó la pila del audífono! Yo necesitaba oír porque estaba acostumbrado a escuchar las instrucciones del entrenador y a comunicarme con los compañeros. Afortunadamente jugábamos en casa, así que salí corriendo del pabellón y me fui a casa a coger otra pila. Cuando llegué otra vez al pabellón ya estaba terminando la primera parte y el entrenador me echó una bronca. Ese es el día que aprendí que no hay que salir de casa sin pilas de repuesto.