sábado, 14 de diciembre de 2013

Donde me he metido?


El relato de Edu.

Tengo hipoacusia bilateral desde hace años y soy despistado con las “citas” y con los nombres, y aún  así me resisto a llevar al día una agenda para que no se me olviden las cosas. Así soy, que le vamos a hacer.

Resulta que estaba yo usando por aquel entonces audífonos,  con una pérdida de audición ya considerable y tenía que ir al podólogo por un lado, y al dentista por otro. Estaban ambos en el mismo centro asistencial y yo llevaba poco tiempo en la mutua. Era mi primera visita al podólogo. Al dentista había ido alguna vez y nunca atiende la misma persona. Ambos tenían cita conmigo con apenas 10 días de diferencia.

Bueno, el caso es que el día que llegué a la mutua, pasé por recepción, di mi tarjeta y me dijeron que ya me llamarían (siempre aviso de mi condición de sordo, para que no se piensen que me he ido si no me entero cuando me toca). Entré en la sala de espera… y al poco me avisa el médico, entramos en el despacho 22 me acomodó en la silla espacial supersónica, hizo lo que tenía que hacer en la boca, y me citó de nuevo al cabo de una semana.

Por tanto, tenía por un lado cita con el podólogo, y por el otro una segunda visita con el dentista.

El caso es que cuando fui la siguiente vez, entrego tarjeta, me siento a esperar delante del supuesto despacho del podólogo… y para mi sorpresa me metieron de nuevo en despacho 22. Yo pensé que iba al podólogo (según indicaba mi memoria)… pero era el despacho y la silla supersónica del dentista…. Como todo sordo, yo con mi inseguridad pensé que me había equivocado y era mi segunda visita con el dentista (desconocido de nuevo).

Empieza el hombre a hacerme preguntas, y yo haciéndome el sueco, que no estaba seguro de si tenía que explicarle la caries galopante que venía a curarme, o si me tenía que descalzar para que me mirase los espolones de los pies que me molestaban. Fueron unos minutos cómicos ahora, visto desde la distancia, ya que yo no me atrevía a hacer ni a decir nada para no meter la pata, y el pobre hombre me iba preguntando que qué tenía… en fin, resultó que por gestión de espacios y aprovechamiento logístico, podólogo y dentista compartían silla y despacho correspondiente en diferentes días de la semana (no herramientas de trabajo, jejeje). Y yo hecho un lío. Estuve riéndome unos cuantos días cuando lo comentábamos con mi mujer… y aún ahora!!

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