sábado, 30 de octubre de 2010

¿Comida gratis por dar pena?


Ciudad del Vaticano, 2008.

Un grupo de amigos sordos están haciendo turismo por Italia, han estado toda la mañana en el museo del Vaticano, y están hambrientos. Deciden comer unas pizzas “ al taglio” , que es muy común en el país. Se trata de porciones de pizza de gustos varios. Al primer establecimiento que ven , entran.
Cada uno pide dos porciones de pizza y la bebida que quiere, la chica del establecimiento las calienta todas y las prepara en platos de cartón, en el momento de pagar uno de nosotros pregunta:
- cuanto és?
- niente – responde la joven
- como?
- niente, niente, offre la casa
- no entiendo nada… cuanto? cuanto?
- Niente! ( hace gestos con la mano de negación)
Como no entendía a la chica, pidió ayuda a Fabry, uno de nuestros amigos italiano. Y este con la intención de aclarar la situación, preguntó:
- Quanto costa? ( cuanto cuesta)
- niente ( nada)
- ma… mmmhhh …. non ho capito bene.. cuanto é? (pero… mmmmhhh… no he entendido bien, cuanto es)
- niente niente, offriamo noi… (nada, nada, invitamos nosotros)
- ma… perche'?? ( pero… porque??)
- perche è un piacere per noi (porque es un placer para nosotros )
- ah.., grazie ma.. anche la bevanda? ( gracias , pero la bebida también)
- si si si, ofriamo noi ( si si , invitamos nosotros)
No nos dejaron pagar las consumiciones, ni siquiera las bebidas. Raro. Nos quedamos comiendo alucinados en las escaleras del local.
La chica empezó a limpiar el establecimiento, así que pensábamos que era porque estaban a punto de cerrar, pero no… luego mas personas entraron para comer y a ellos si que les hicieron pagar.
Por qué nos invitaron a nosotros a comer y a los demás no?

sábado, 23 de octubre de 2010

Encerrados en un museo sin luz


Era una tarde de otoño, Maite y yo disfrutábamos de un viaje en Italia, para visitar a nuestros amigos italianos: Marco y Fabry. Ellos nos propusieron de ir a un museo que habían abierto ese mismo año, en un pueblo cercano: Narnia.
En los subterráneos de dicho pueblo se había descubierto una iglesia de la Santa Inquisición , y un conjunto de compartimentos, entre ellos una antigua celda llena de grafitos realizados por los presos que hubieron allí, y en otro compartimento un tribunal con elementos de tortura. Ninguno de nosotros había ido aún y tenia todos los puntos de ser un museo interesante.
Llegamos a recepción, nos ofrecen las entradas gratis por nuestra condición de discapacitados auditivos, pero se les han acabado las guías en español donde constaba por escrito toda la explicación de la visita. En italiano no tenían ninguno , ya que el guía habla en este idioma, y el museo no ha pensado en la adaptación para personas sordas, pero si para personas extranjeras.
El guía nos llama la atención, la visita va a empezar. Somos un grupo de unas 25 personas. Bajamos por unas escaleras y nos adentramos por unos conductos hasta llegar a una habitación que en el pasado había sido una iglesia de la Santa Inquisición. El guía comienza a hablar:
-BLABLA BLABLABLA BLABLABLABLA BLABLABLA.
Ninguno de los 4 entiende nada, habla muy deprisa, aunque se ven evidentes sus esfuerzos de vocalización. Pasa el tiempo. A los 20 minutos finaliza su explicación y nos vamos a la sala siguiente, en la que solo hay un cuadro y una estructura extraña en medio. El guía continua hablando, parece que no acaba nunca, y nos quedamos allí, impacientes por continuar la visita, ya aburridos.
-BlA BLABLABLA BLABLABLABLABLABLABLA….
La misma situación ocurre en las tres salas posteriores, ya llevamos dentro mas de una hora, y ya tenemos ganas de que se acabe la visita , que comienza a ser insoportable.
-BlA BLABLABLA BLABLABLABLABLABLABLA….
Llegamos a una celda, de unos 4 metros cuadrados, tan pequeña que una vez todos dentro, no nos podíamos mover… el hombre habla y habla, entre el grupo hay un niño muy curioso que preguntaba muchas veces. En esa celda estuvimos otros 20 minutos,a un paso de pedir al guía que no dejara marchar.
Y llegamos a la ultima sala, por fin una sala interesante, había una pared llena de fotografías con la explicación de cada una de ellas, una vitrina con una momia de una mujer, y un enorme pozo en medio de la habitación con una barandilla de seguridad. Mientras el hombre hablaba, Fabry y yo nos pusimos a ver las fotografías, pero en 2 escasos minutos el hombre acabó su explicación y se fue hacia la salida. Maite y Marco enseguida salieron, necesitaban aire puro.
Por una sala que nos gusta!? y se acaba ya la visita?? vahhh…. Fabry y yo nos quedamos allí un rato mas, mirando las fotografías tranquilamente, sabíamos que la salida estaba cerca. Estábamos muy entretenidos , comentando la exposición de fotografías, y de repente, las luces se apagan! ehhh!!!! - Ahhh!!! Fabry!!! el pozo!!! Ahh!! haber si nos vamos a caer! Hay alguien ahí!!!!
No se veía nada, sabía que en medio de la habitación había un gran agujero, y temía caerme, buscaba la barandilla y a mi amigo extendiendo los brazos por todos los lados. Entre nosotros no nos podíamos entender. Cuando por fin nos encontramos los dos . Se encienden las luces, y viene el guía sudando, Maite y Marco.
El guía nos comenta:
- Pensábamos que no había nadie y estábamos cerrando el museo, cuando vuestros amigos que estaban fuera esperando, se han dado cuenta, han venido corriendo diciendo que vosotros aun estabais dentro.
Si no llega a ser por nuestros amigos… quizá nos quedamos toda la noche durmiendo con un momia.

viernes, 15 de octubre de 2010

Alto al ladrón!!

Hace un par de años me compré un bolso, de la marca Carpisca, que me gustaba desde hacia algún tiempo. Me acuerdo del día que lo estrené. Quedé con mi pareja, para mirar tiendas de ropa. Al entrar y al salir de una de las tiendas, la alarma del establecimiento, se disparó y una luz roja parpadeo! No había comprado nada, así que me extraño. Me pidieron que mostrara la bolsa, para comprobar que no había robado nada. Y se disculparon.
A la semana siguiente, fui otra vez de tiendas por el centro de Barcelona, esta vez sola, y llevaba el mismo bolso. Me decidí por una, el Zara, y entré, estuve viendo ropa, pero no vi nada que me convenciera, así que salí poco después. De repente siento que una mano me agarra por la espalda y me da la vuelta. Es el hombre de seguridad de la tienda. Me habla en tono gruñón, y mirada desafiante, enseguida le digo que soy sorda. Su mirada se vuelve compasiva, en menos de un segundo y, educadamente me explica que la alarma ha saltado y que debo volver a la tienda para enseñar el bolso. Aquella alarma era solo sonora, sin luz, por eso no me había dado cuenta. El vigilante de seguridad comprueba que en mi bolso no hay nada y se da cuenta que lo que hace saltar la alarma es la composición de mi bolso nuevo. Me comentó que era bastante frecuente en los bolsos de ese tipo.
No volví a sacar el bolso a pasear.


Relato de Cris

sábado, 9 de octubre de 2010

Las dos cosas

El relato de Selva


Los sordos, por naturaleza, más de una vez creamos situaciones graciosas. Les contaré una de las tantas que he vivido.
Cuando tenía 16 años más o menos, trabajaba, atando viñas allá en mi querida Mendoza. Para el que no sabe de este trabajo, les cuento que cada trabajador toma una hilera y va atando los sarmientos (ramas de la vid) al alambre que los sostiene.
Ya nos habíamos adentrado bastante en la hilera con mi sobrina y mi hermana; atábamos en hileras paralelas, cuando veo al capataz mirar por la mía con desaprobación y parecía que hablaba o gritaba, pero como es obvio, no le entendía porque soy sorda. Encima estaba algo lejos, bah, cerca o lejos era lo mismo, y opté por bajar la vista y continuar. Entre ojos vi que se acercaba, me tocó el hombro y me dijo enojado:
–usted es sorda o no tiene plata?
- las dos cosas le contesté al entenderle
Mi sobrina y mi hermana que habían comprendido la situación estaban atentas, al escuchar mi respuesta soltaron la risa. El hombre más enojado aún dijo
-encima se hacen las graciosas
Mi sobrina sin parar de reír le dijo:
-señor, lo que le está diciendo es la verdad; pero el hombre se fue pateando cascotes y molesto pensando que le tomábamos el pelo.
Si ese hombre hoy pudiera ver este relato entendería que era muy honesta en mi respuesta.

Selva

Mi Blog:
www.selvareyes.blogspot.com

Mi canal de You Tube:
http://www.youtube.com/user/selvareyes

domingo, 3 de octubre de 2010

En la consulta medica.

Relato de Marian G.

Tengo Hipoacusia, por negligencia médica, me administraron estreptomicina en los años 70. y me dañaron el nervio auditivo, quitándome un 94% de audición en ambos oídos a la edad de los 8 años, despues de haber aprendido hablar.


Hace 3 meses fui al otorrino. Tuve que decirle varias veces que hiciera el favor de vocalizar, ya que me hablaba rápido y no le entendía. Me pareció bastante raro que un otorrino actuara así. Me miró y cuando terminó de hablar, le dije si podía mirarme los oídos y hacerme una audiometría que hacia ya tiempo desde la última, y tenía previsto cambiarme los audífonos. Me los miró y limpió, estaban bien ( sin tapón de cera) pero no me mandó hacer ninguna audiometría...


Al terminar, se dirige a mi amiga que me había acompañado, y le dice: “ahora se lo explicas tu con señas “(y hace los gestos de la lengua de signos con las manos sin siquiera saberlos, en plan burla ó intentando imitarlo….) y le respondo educadamente, que mi amiga no sabe y a mi no me hace falta…y sonríe otra vez y dice : “ no, si yo tampoco sé, te lo decía en broma! “


Quiero matizar que a mi la lengua de los signos me gusta, tengo algo de conocimiento sobre ella, gracias a unos cursos que he realizado y amigos que tuve, pero considero que no me hace falta porque aparte de hablar correctamente me defiendo bien, sobre todo si la otra persona se esfuerza a poner voluntad hacia mi persona.



Relato de Marian G.