viernes, 11 de febrero de 2011

Castigada en clase.

El relato de Carmen





     Estudié la primaria en un colegio privado con unas aulas muy grandes, por lo que me resultaba bastante difícil en muchas ocasiones seguir las clases. Recuerdo especialmente una ocasión en la que la sordera me jugó una mala pasada. Fue en cuarto de primaria, estábamos en clase de inglés leyendo un libro en voz alta, un compañero leía un párrafo, el siguiente compañero el siguiente párrafo y así sucesivamente. En cualquier momento dado, la profesora nos hacía preguntas sobre lo que habíamos leído.

     Yo leía a mi ritmo, ya que no conseguía coordinar el texto con lo que iban leyendo mis compañeros, por lo tanto, al finalizar una parte, lo que yo había leído no iba en consonancia con lo que el resto de la clase había leído. La profesora me preguntó algo que no conseguí entender y le pedí que repitiera tres veces, con su consiguiente y creciente cara de enfado. La tercera vez seguía sin entenderlo, no porque no supiera inglés, sino porque la distancia a la que me encontraba de ella no me facilitaba la lectura labiofacial ni entender el sonido. Me quedé callada contestando que no sabía la respuesta. La profesora pensó que estaba pasando de la lectura y de la clase y que no mostraba ningún interés por seguir la lección por lo que me castigó mandándome a pasar el resto de la mañana a la clase de mi hermano, que estaba en tercero de infantil, y además me puso una nota en la agenda para casa.

     Cuando llegué a casa por la tarde, abochornada y avergonzada, con mi mañana pasada en una clase de niños de 5 años con mi hermano y mi nota en la agenda, mi hermano lo primero que hizo fue contar emocionado que su tata había pasado la mañana con él. Mi madre se enfadó, me echó la bronca y me castigó porque yo fui incapaz, por vergüenza y miedo, de decirle que todo había sido un malentendido y no había entendido las palabras de la profesora.

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